VIAJAMOS AL CENTRO DEL LLANTO: ANTROPOLOGÍA EN LA RADIO (I)



En la declaración de intenciones de este blog aparece que es un viaje que cuenta con la Antropología como carta de navegación, en el que lo más importante no es el destino sino la misma travesía. Hace muy pocos días que este viaje ha encontrado otra expedición apasionante con la que ha compartido una agradable jornada: el programa de Radio Nacional de España, dirigido y presentado por Amaya Prieto Barriuso, "Viaje al Centro de la Noche", que contactó con nosotras para proponernos una entrevista acerca del llanto desde el punto de vista antropológico. Fruto de esa experiencia es la entrada que ahora estáis leyendo, una segunda parte para profundizar en ciertos aspectos, y el podcast del programa que se emitió el día 28 de enero de 2018 en Radio Nacional de España, y ese mismo día en Radio Exterior. Aquí tenéis el enlace del podcast:

http://mvod.lvlt.rtve.es/resources/TE_SVIAJEN/mp3/5/0/1516907568805.mp3

     Nuestro más sincero agradecimiento a Amaya Prieto por su confianza, y al personal de Radio Nacional de España en Alicante por poner a nuestra disposición sus instalaciones y estar atentos en todo momento a nuestras necesidades.
Aquí tenéis el enlace a la segunda parte de esta entrada: https://anthropotopia.blogspot.com.es/2018/02/de-varones-y-lagrimas-viaje-al-centro.html

VIAJAMOS LLORANDO


                                                             Ángeles Boix Ballester y Encarna Lorenzo Hernández


*El llanto emocional como expresión específicamente humana.


En contra de lo que pueda aparecer a primera vista, el llanto no es un fenómeno biológico uniforme sino que se manifiesta a través de tres clases de lágrimas diferentes: una primera modalidad es la lágrima basal, cuya finalidad es asegurar que el ojo permanezca siempre humedecido. La lágrima basal apareció por primera vez en los anfibios, los vertebrados que se atrevieron a abandonar el medio acuático primigenio, y tenía como fin reproducir sus condiciones de vida preexistentes. En el ser humano se desarrolla en los últimos meses de vida intrauterina. Un segundo tipo de lágrima es la refleja, que protege el globo ocular frente a golpes o irritaciones como la que produce pelar cebolla. Evolutivamente apareció en los reptiles y, en el bebé, actúa desde los primeros días de vida, como ya pudo comprobar Darwin en 1890 observando a su propio hijo.Pero la más importante de todas es la lágrima psicoemocional, que es exclusiva de la especie humana. No sabemos en qué momento se incorporó a nuestro bagaje genético pero sí podemos conjeturar que pudo estar presente en el Homo Heidelbergiensis, predecesores de los Neanderthales (por error, en la entrevista radiofónica me refiero al Homo Antecessor). El amplio registro fósil de Atapuerca evidencia que quizá hace 500.000 años ya existía el llanto emocional y una respuesta compasiva al mismo, como podría demostrar el caso de Benjamina, una niña con una grave malformación craneal a la que, en aquella época de extrema dureza medioambiental, en que la supervivencia diaria debía de ser un auténtico desafío, el grupo al que pertenecía sacrificó parte de sus recursos alimenticios y limitó su movilidad para poder cuidar de ella hasta su muerte ( se trata de una historia muy reveladora sobre la que podéis leer en este enlace: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2013/02/la-pequena-benjamina-solidaridad-en-la.html). En el bebé, el llanto emocional aparece entre las 6 semanas y los 4 meses, cuando ya se encuentran bien desarrollados sus circuitos psíquicos. Por tanto, puede afirmarse que la filogenia -el desarrollo de las distintas especies-, se recapitula en la ontogenia -el crecimiento de un concreto ser vivo. Ello es así porque la sucesiva aparición de los diferentes tipos de lágrimas en el ser humano se produce exactamente en el mismo orden evolutivo, de creciente complejidad, en que lo hizo en las distintas especies.
El llanto en los animales
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Existe una amplia controversia en torno a si los animales son capaces de llorar. Se ha documentado la presencia de lágrimas en lobos, perros, ballenas, delfines, elefantes, ratas de laboratorio... También lo hizo Diane Fossey respecto de los gorilas en 1983. Sin embargo, en estos casos lo que se evidencia, en puridad, es el drenaje de lágrima basal acumulada. Algo aún más especial sucede respecto a los cocodrilos. El naturalista romano Plinio el Viejo, en el siglo I a.C., en su Historia natural, dejó constancia del curioso derramamiento de lágrimas por parte de los temibles cocodrilos mientras devoraban humanos, y también lo hizo el explorador inglés Sir John Mandeville, en el siglo XIII. Los antiguos atribuyeron a la compasión esas lágrimas del cocodrilo, entendiendo que se lamentaba por el destino fatal de sus víctimas. Realmente esa mucosa tiene como fin lubricar a sus presas para poder deglutirlas más fácilmente, de ahí que en el imaginario popular las lágrimas de cocodrilo estén conceptuadas como el más puro ejemplo de hipocresía. En definitiva, podemos afirmar que el hombre es el único animal que llora por causas emocionales: la tristeza, el dolor, el agotamiento, la frustración...


Esa lágrima emocional, de hecho, tiene una diferente composición química respecto de las otras dos clases, puesto que presenta una elevada concentración de proteínas y, como segundo rasgo distintivo, también viene acompañada de una gestualidad corporal característica, como son los sollozos, tragar saliva, taparse la cara... , que no aparece en los otros casos. Sin embargo, no podemos negar la evidencia de que los perros con los que compartimos tantas vivencias desarrollan una sofisticada capacidad de transmitir su tristeza o sensación de abandono que, a veces, se encuentra rayana con el llanto humano.

    Y el llanto no nos humaniza solo por ser los agentes del mismo, es decir, por llorar ante algo que nos pasa, sino también por ser llorados, por ser despedidos con llantos. Nancy Scheper - Hughes escribió La Muerte sin llanto (1997) , y en esta obra recoge sus investigaciones en el norte de Brasil, en un barrio de chabolas en el que la mortalidad infantil es elevadísima, ya que las condiciones de vida son extremadamente duras. Los niños mueren con tanta frecuencia, y a una edad tan temprana, que no tienen en su vida nada remarcable ( siendo ello lo que Ignasi Terrades denomina "Antibiografía"); es por ello que en sus funerales no hay ni llantos ni doblar de campanas. 

*Humanos, androides y lágrimas en la lluvia.
      Una vez establecidas las diferencias entre el hombre y los animales en lo que al llanto respecta, quedaría por delimitar las respuestas emocionales de hombres y los ingenios de la Inteligencia Artificial, nacida a partir de las teorías y elaboraciones de Alan Turing.

  Lejos de esos primeros pasos con máquinas grandes y estereotipadas, los modernos robots se caracterizan cada vez más, por ser presentados como compañeros capaces de sentir e interactuar con seres humanos. La base de este cambio ha sido volver a Darwin y a su análisis de las emociones. A diferencia del llanto, las emociones se expresan con cambios faciales, que, según el naturalista, son universales, y por lo tanto, deben tener un origen común. Estudiando estos cambios y documentándolos, se ha podido programar a robots para reconocer el estado emocional de sus interlocutores, así como imitar discretamente aquellas para las que los han programado, incluido el llanto.


    En este punto, no podemos dejar de mencionar la película *Blade Runner*, de Ridley Scott (1982), en la que algunos androides (los Nexus 6) se rebelan ante su condición mortal a plazo determinado, y su líder, Roy Batty, resulta un ser muy filosófico, enseñándonos que ser esclavos es vivir con miedo, y mostrándose como un verdadero humano al ser capaz de salvar a su enemigo, y de llorar sin tregua bajo una lluvia inacabable, además de dejarnos un mítico monólogo (improvisado):

    Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: naves de ataque en llamas, más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhäusser. Todo estos momentos se perderán ... en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir."

Para profundizar en la Antropología Cibernética, se puede dirigir a la siguiente entrada de este blog:
http://anthropotopia.blogspot.com.es/2016/02/alan-m-turing-y-la-antropologia.html.

*El llanto es todo un misterio que nos acompaña de la cuna a la sepultura. Es nuestro primer lenguaje pero, una vez que aparece el habla, todavía sigue existiendo. ¿Por qué?

El llanto es el primer lenguaje del niño. Hay quien dice que su sonido se corresponde con un do agudo sostenido, como si estuviese cantando un pequeño e inexperto tenor con intenciones de romper una copa de cristal de Bohemia. Para aclarar la cuestión he recurrido al asesoramiento de un experto musicólogo, el director de orquesta Armando Bernabeu Lorenzo, colaborador en este blog. Para él, el llanto del bebé no puede identificarse con una sola nota sino que se manifiesta en un conjunto de ellas en clave de sol, en un registro sobreagudo, muy estridente y que provoca estrés en el oyente, generando en el mismo una inmediata reacción de alerta.Y, sin duda, esa es la más eficaz herramienta que la sabia naturaleza proporciona al indefenso recién nacido para llamar la atención de la madre, o del entorno en general, y procurarse así alimento y atención.


Como afirma nuestro experto, si el llanto del bebé, en lugar de ser tan irritante, resultara melodioso, no cumpliría esa vital función de provocar una respuesta inmediata sino que adormecería al oyente. Ese llanto desasosegante del recién nacido abandonado, que es capaz de rescatarlo de una muerte segura, se encuentra fuertemente arraigado en nuestro imaginario colectivo, como podemos leer en Un cuento para la Navidad (2017), de mi querido y admirado compañero Julio Calvet Botella, que recrea en esto un bello relato que los seres humanos nos hemos contado una y mil veces a lo largo de nuestra historia. Y es que, además, ese llanto es capaz de crear un vínculo emocional con la madre o su sustitutos, asegurando al bebé su supervivencia justo cuando más dependiente es del medio que le rodea. Sin embargo, cuando el niño adquiere el lenguaje articulado, el llanto continúa existiendo, lo que nos obliga a intentar resolver la incógnita que entraña la supervivencia redundante de ambos sistemas comunicativos. Quizá la forma más sencilla de abordar el problema sea analizar, a grandes rasgos, las diferentes teorías que se han elaborado sobre la función del llanto. Así, se ha sostenido que se trata de un mecanismo homeostático que permite al ser humano recuperar el equilibrio emocional después de situaciones estresantes, como el miedo, la tristeza o la ira. De hecho, la mayoría de las personas considera que llorar les produce un considerable alivio psicológico. No obstante, lo cierto es que el llanto produce un fuerte consumo energético en términos de glucosa y oxígeno, hasta el punto de que solo es posible mantener ese agotador esfuerzo, al término del cual sentimos hambre y sueño, durante un máximo de 10 minutos. Una segunda teoría, que se remonta a la medicina hipocrática, sostiene que el papel del llanto es limpiar el organismo de impurezas. Es cierto que la lágrima emocional contiene un potente cóctel químico: en ella encontramos cloruro de potasio y manganeso, sustancias asociadas a la depresión crónica. También hay enzimas antibacterianas y algunos opioides naturales pero no se ha demostrado que exista una concentración significativamente elevada de sustancias nocivas. En definitiva, la explicación que mejor da cuenta de la supervivencia del llanto durante toda nuestra vida, y de la diferente distribución de su frecuencia por edades y sexos, es que se trata de un poderoso sistema de comunicación social, una especie de airbag para cuando el lenguaje articulado nos falla. En el llanto, como en la risa, concentramos nuestra expresividad en el rostro. Al contemplar a alguien llorando, nuestras neuronas espejo nos facilitan la identificación psicológica con los otros, haciendo posible, mediante la empatía, comprender que esa persona está sufriendo. Entendemos así tal llanto como una petición de ayuda y, solícitamente, la prestamos o bien, prudentemente, comprendemos que nuestra actitud debe ser respetar el dolor ajeno. Pero las neuronas espejo pueden provocar en nosotros el llanto, con el que ofrecemos una solidaridad y respaldo aún mayor a los otros. Así sucede, por ejemplo, cuando lloramos al dar el pésame a un familiar o amigo, o nos con-dolemos con su tristeza. Por eso podemos concluir que el llanto es un mecanismo insuperable de cohesión social y que llega a donde no alcanzan las palabras.

  El llanto como respuesta social adecuada es un comportamiento aprendido; sobre todo en lo que respecta a los momentos en los que llorar resulta "adecuado", o al menos, no chocante. Según el filósofo escocés David Hume, las emociones son la base de la moral, y son comunes a todos los seres humanos, ya que aprendemos desde que somos pequeños a "imitar" la respuesta emocional: un niño ve cómo responden los adultos que lo rodean ante estímulos del medio. Estas respuestas emocionales, conllevan cambios físicos perceptibles, que el niño asocia a determinada situación social. Y cuando se encuentre en una situación que identifique como similar a la que está registrada en su memoria, la criatura repetirá el patrón de respuesta de los adultos, y llorará (o se reirá) en los momentos "adecuados".


     Pero más allá de lo socialmente establecido y normalizado, el llanto es un elemento poderoso para la limpieza y purificación del ser humano: su función catártica, tal como se recoge en la tragedia griega.

     La tragedia griega tiene una estructura que muestra las terribles consecuencias que tiene para alguien una cadena de decisiones desafortunadas.El resultado es siempre de destrucción del orden imperante, de mutilación, venganza y muerte; solo un baño de sangre puede limpiar los horribles comportamientos de los hombres a manos de los dioses, y como un acto simpático, un baño de lágrimas, que limpie tanto el interior como el exterior, el ojo, la vista, el más elevado de nuestros sentidos (Platón). El espectador sale de la misma espeluznado de las consecuencias que tienen ciertas decisiones, con la lección moral aprendida, pero al mismo tiempo, liberado por no haber sido él quien tomó las decisiones incorrectas; él ha sufrido de forma vicaria, y con su llanto ha "pagado" el precio de no haberse equivocado él, sino alguien por él.

    La tragedia griega , fondo de nuestro patrimonio cultural, tiene unos orígenes discutidos: para Nietzsche serían las fiestas dionisíacas, pero para Ismail Kadare, el origen de la tragedia está en las plañideras, las mujeres que lloraban, gritaban, hacían aspavientos, se mesaban los cabellos y rasgaban las vestiduras por dinero en los funerales; ellas interpretaban un dolor que realmente no sentían, por lo que podemos considerarlas las primeras actrices de tragedia.
    
*El llanto en las culturas funerarias: un comportamiento ritualizado.


Siguiendo a la historiadora Ana Valtierra, podemos resaltar cómo las plañideras aparecieron en Egipto siguiendo el ejemplo mitológico de Isis. La gran diosa madre lloró amargamente la muerte de su esposo Osiris, asesinado por su envidioso hermano Seth, mientras buscaba sus trozos por todo el país e intentaba traerlo de nuevo a la vida por medio de su poderosa magia. Las plañideras actuaban como seres psicopompos, acompañando al difunto en el tránsito hacia el otro mundo, y repetían el gesto mágico de la diosa con el fin de procurar su renacimiento en el Más Allá. Recientes investigaciones realizadas en la momia de Nespamedu, que conserva el Museo Arqueológico Nacional, mediante imagen de alta definición, han revelado que los embalsamadores colocaron entre sus vendas pequeñas plaquitas que representaban a Isis y a su hermana Neftis, señora de la muerte, como objetos mágicos para facilitar el paso a la nueva vida. Las plañideras, que actuaban en sustitución de las diosas, eran como actrices trágicas que dramatizaban el dolor con gestos extremos: lágrimas, sollozos, golpes el pecho, rasgándose las vestiduras, arañándose el rostro, arrancándose mechones de cabello o manchándose el cuerpo y la cabeza de barro.


También hubo plañideras en Grecia. De acuerdo con el ritual funerario exigible, primero se exponía el cadáver en el vestíbulo del hogar durante unos días tras los cuales, una solemne comitiva, compuesta por los familiares, músicos y mujeres desconsoladas gritando, acompañaba al difunto hasta la pira funeraria. Pero, sin duda, fue en Roma donde las plañideras alcanzaron su máximo apogeo. El nombre de "plañidera" viene del latín plangere, que significaba sollozar, golpearse el cuerpo... También en Roma se exponía el cadáver del difunto en la domus y la procesión fúnebre, que incluía a los lictores (funcionarios públicos) vestidos de negro, los arquimimos (que representaban teatralmente los actos meritorios del difunto) y las plañideras, se dirigía al lugar del enterramiento. Entre las plañideras existía una que ejercía la jefatura, la praefica, la cual dirigía los lamentos de sus compañeras y marcaba el tono adecuado de acuerdo con la categoría del difunto. La intensidad del llanto se asociaba así al estatus social del difunto. Un problema peculiar es el tratamiento que merecen los vasos lacrimatorios, que se han encontrado en multitud de tumbas tardías en Grecia y Roma. Eran recipientes de cristal o de barro con forma de huso que, durante mucho tiempo, se creyó que servían para recoger las lágrimas de las plañideras y que eran enterrados junto al fallecido para demostrar a los dioses el apego que había despertado en vida. Sin embargo, los análisis químicos realizados no refrendan que los supuestos vasos lacrimatorios tuvieran como fin recoger ese preciado líquido, sino más bien, seguramente, el agua para apagar la pira funeraria o los ungüentos precisos para realizar alguno de los rituales funerarios. Lo cierto es que tan atractiva resultó para la imaginación de la Inglaterra victoriana la supuesta función mágica de esos vasos lacrimatorios que también fue costumbre en el siglo XIX que los familiares derramasen sus lágrimas en pequeños recipientes cuidadosamente sellados para evitar la evaporación del agua.

Vasos rituales en el Museo de Rodas
La costumbre de las plañideras se extendió desde Roma a todo el ámbito del Mediterráneo que formó parte de su imperio y tal fue su arraigo que se mantuvo muchos siglos después de que el mismo se hubiese desintegrado. De hecho, los excesos de las plañideras fueron en aumento hasta que, en la Baja Edad Media, la Iglesia ya sintió la necesidad de controlarlos pero ello no se consiguió hasta el siglo XVIII, cuando se autorizó a los párrocos a imponer multa a las mujeres que, de manera inadecuada, interrumpiesen las honras fúnebres. incluso con amenaza de excomunión. Y es que, como es fácil de imaginar, aquella troupe de mujeres histéricas haciendo notar ostensiblemente su presencia en el espacio público representaba un desafío intolerable al férreo confinamiento social al que estaban sometidas en la época. 

Sarcófago de Santa María de la Vega, Museo Provincial de Palencia

A pesar de lo anterior, las plañideras siguieron existiendo en zonas rurales de Extremadura, Galicia o Canarias y también la encontramos todavía en festividades como el Entierro de la Sardina en Murcia o en las lloronas que acompañan a las procesiones de la Semana Santa. Las plañideras, que merecerían sobradamente una entrada para ellas solas, también han estado muy presentes en el panorama etnográfico español. En Galicia existieron las choronas. Las más conocidas fueron las de Cangas; también era famosa la figura de la erostariak en Vizcaya, siendo las más renombradas las de Bermeo. Probablemente fuera la dureza del trabajo en el mar la que justificaba la presencia de estas figuras en esas zonas costeras. Hay que mencionar igualmente la figura de la nigaregileak en Navarra o las ploracossos en Cataluña, que tanto pueden ser mujeres como hombres. 

Pleurants, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña

Teóricamente las plañideras desaparecieron en España en los años 50 pero se han recuperado en algunos lugares como un oficio nuevo. Así ocurre en Campanario (Badajoz), en Casar (Cáceres), o en Cangas de Morrazo, en la Ría de Vigo, donde incluso es conocida por su nombre Pechencha, una anciana chorona. Las tarifas que cobran algunas plañideras, cuyos servicios, de acuerdo con los tiempos, se anuncian por internet, oscilan entre 20 y 30 € al día y los servicios que prestan a cambio comprenden no solo llorar por el difunto sino también visitar el cementerio, limpiar la lápida, cambiar las flores, rezar, encender velas... Estas nuevas plañideras ya no se expresan con gestos descompuestos sino que suplen a los familiares cuando estos no tienen tiempo o no pueden atender a sus deudos porque viven en un lugar lejano. De ahí el importante papel social que pueden llegar a cumplir.


*De la fisiología a la cultura. Comportamientos prohibidos y prescritos. 

Llanto y género.
En la mayoría de las culturas se considera que las mujeres son más débiles y vulnerables, lo que en gran parte se asocia a su mayor predisposición a llorar. De hecho, el llanto es un comportamiento cultural en virtud del cual, en algunos momentos, se ha trazado nítidamente la línea divisoria entre el género femenino y el masculino. Es célebre la frase del romancero que supuestamente pronunció la orgullosa madre de Boabdil tras la pérdida de Granada, el último reducto de la esplendorosa Al-Andalus: "Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre".


Se ha comprobado que el promedio de llanto en las mujeres respecto a los hombres es más elevado en cuanto a frecuencia e intensidad. Esa mayor sentimentalidad de la mujer también se asocia, en los estereotipos culturales tan resistentes al cambio, a una manipulación del llanto para obtener contrapartidas. Es igualmente el argumento más habitual que ha manejado el patriarcado para demostrar la debilidad emocional de la mujer, su falta de autodisciplina sentimental y, por ende, la necesidad de someterla a la tutela masculina por su infantilismo. Pero si bien no puede obviarse que los estrógenos se hallan detrás de esa mayor labilidad emocional y, por tanto, la propensión a llorar más es algo consustancial a la biología femenina, un estudio cross-cultural de 1998, realizado en 30 países, pone más el acento en el componente cultural, al detectar grandes diferencias de unos a otros, relativizando así la conexión con algo biológicamente uniforme en las mujeres como son los ciclos hormonales. De esa forma, la explicación de la mayor ratio del llanto en las mujeres no residiría tanto en una naturaleza que la constriñe a ello sino en unas normas sociales que ven, con mejores o peores ojos, el llanto en ellas y en el hombre. Es decir, en los pueblos en los que no se socializa estrictamente a estos en la represión del llanto, las diferencias de genero en este aspecto podrían ser menores. Sin duda, al hombre se le reprime habitualmente la emotividad natural porque sus diversos papeles socialmente asignados- el cazador, el guerrero, el sostenedor principal del hogar-, le obligan a generar confianza en su capacidad de autodominio. 

Y, sin apartarnos del terreno de la antropología, me gustaría destacar cómo el Evangelio de San Lucas, 7, 36-50, pone de relieve la absoluta modernidad social del mensaje de Jesús y su mirada siempre tan apreciativa hacia las mujeres. Me refiero al pasaje en el que se narra cómo, mientras cena en casa de un fariseo, recibe las atenciones de una mujer que irrumpe en la casa: "Un fariseo invitó a Jesús a comer, y Jesús fue a su casa. Estaba sentado a la mesa, cuando una mujer de mala fama que vivía en el mismo pueblo y que supo que Jesús había ido a comer a casa del fariseo, llegó con un frasco de alabastro lleno de perfume. Llorando, se puso junto a los pies de Jesús y comenzó a bañarlos con sus lágrimas. Luego los secó con sus cabellos, los besó y derramó sobre ellos el perfume. Al ver esto, el fariseo que había invitado a Jesús pensó: “Si este hombre fuera verdaderamente un profeta se daría cuenta de quién y qué clase de mujer es esta pecadora que le está tocando.” Pero Jesús lo que hace es darle totalmente la vuelta a la situación y demostrar que el único que está incumpliendo sus obligaciones sociales como anfitrión es el fariseo: "–¿Ves esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies; en cambio, esta mujer me ha bañado los pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. No derramaste aceite sobre mi cabeza, pero ella ha derramado perfume sobre mis pies". Jesús se refiere a los estrictos rituales de hospitalidad, que exigían una serie de gestos de purificación para acoger en el hogar, de manera segura y adecuada, a todo huésped. El perfume, el beso de bienvenida y la limpieza de los pies, contaminados por el polvo del camino, eran tres requisitos preceptivos. Y en ese sorprendente giro de la historia se demuestra la genialidad del pasaje evangélico, cuando Jesús otorga a la mujer el premio por su gesto de amor y cortesía, valorando tan positivamente la función de las lágrimas femeninas. (Si os interesan los rituales de hospitalidad en el mundo antiguo y el antropólogo que más se ha ocupado de ellos, Julian Pitt-Rivers, aquí tenéis dos enlaces en este mismo blog:  http://anthropotopia.blogspot.com.es/2013/08/rosalia-de-castro-y-el-escandalo-de-la.html y http://anthropotopia.blogspot.com.es/2013/08/julian-pitt-rivers-y-la-antropologia.html)

Lágrimas, por Man Ray

Bibliografía consultada:

-Calixto, Eduardo: Llorar nos hace humanos.Web.11-1-2018.
-Coria, Javier: Plañideras.Web.11-1-2018.
-Flintoff, Jean-Paul: Why we cry.30-8-2003.Web.11-1-2018.
-Jarrín Hernández, Elena: Dacriopsicología: Estudio sobre el origen y clasificación del llanto.2011. Tesis doctoral. Universidad de Alcalá de Henares. Web. 12-1-2016.
-Majluf, Alegría: Llanto del adulto. Revista de Psicología de la PUCP, 1998. Web.26-1-2018.
-Sanz, Elena: Fisología y neurociencias del llanto. 11.2-2015.Web.11-1-2018.
-Valtierra, Ana.Plañideras. Iconografía de las profesionales del llanto funerario.Web. 17-1-2018.
-Qué es el don de lágrimas y cómo se experimenta.Web.11-1-2018.
-Wikipedia: entradas sobre Plañideras, Lacrimatorio, Funeral y Llanto.Web.11-1-2018.

Comentarios

  1. ¡Maestra! ¡Ah! El llanto, ¿no es también arma de mujer, como lo fue del padre de Héctor para ablandar al colérico Aquiles? Como dice mi señora, que no es de lágrima fácil, a mí me echan una lagrimilla y hacen conmigo lo que quieren. Curioso, que quien no sabe llorar sea tan sensible a la lágrima ajena, tan conmovido por ella. ¡Qué gusto debe dar desahogarse llorando! Dicen que las mujeres se derrumban hacia fuera, y los varones hacia adentro... Habrá de todo. Lo he intentado a veces, llorar, sin mucho éxito. ¿Incapacidad biológico o cultural? No lo sé, puede que ambas cosas. Interiorizo el dolor, lo escondo, no sufro, y luego al cabo de los días, puede que de las semanas, sale. El caso es que no soporto ver llorar a una mujer. Ello me mueve a la acción, más que a la compasión.
    He oído también que las lágrimas son pura sangre del cerebro, sangre sin sus componentes útiles y reutilizables, agua del océano primordial, agua de mar, por lo tanto procuran un alivio físico para la tensión neuronal, una forma de evitar ictus...
    Sólo he visto llorar a mi padre una vez, cuando se perdió mi hermano en una feria. La cosa acabó bien, con lágrimas de alegría. Aquello se me quedó grabado para siempre.
    Enhorabuena por la entrevista radiofónica y la entrada, amigas.

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  2. Muchas gracias, José, por tus reflexiones y, sobre todo, por esas hermosas confesiones personales y familiares que tanta luz arrojan sobre el valor del llanto. En la siguiente parte hablamos de los hombres que lloran, como Aquiles y Príamo, de las nuevas masculinidades, de Don Quijote aconsejando al gobernador Sancho no dejarse llevar por las lágrimas de las bellas suplicantes, de los refranes, del llanto en el arte y de la magia de las lágrimas, entre otras muchas cosas, porque el tema da muchísimo de sí. Gracias por escuchar, leer y pensar con nosotras.

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  3. Enhorabuena a ambas por esta estupenda entrada y por vuestra magnífica entrevista en este programa de RNE, de tan sugerente título.
    Parece ser que todo la información que circula por la red tiene ese carácter virtual de tiempo siempre presente . Esa atemporalidad permite descubrir entradas de vuestro blog en cualquier momento. De modo que no puedo pasar por esta entrada sin dejaros mi comentario.

    Me ha encantado, de nuevo, la estructura narrativa y esa suerte de transversalidad , de muchas perspectivas, amplios enfoques. Su lectura resulta interesantísima al tiempo que muy amena.

    El trabajo de investigación de Nancy Scheper:" La muerte sin llanto" , recuerdo que lo abordamos en la asignatura de " Antropologia evolutiva" "para dilucidar el tema de si la maternidad es un instinto o un constructo cultural. Los textos trabajados, claro, se resolvía por la segunda hipótesis. Bueno, y ese bellisimo monólogo de Rutger Hauer, ese hermoso Praxiteles, de Blade Runner. Ese llanto por la muerte de Pris. Como se dirige a ella para velar la obscenidad que deja a veces la muerte,
    como prueba de mayor humanidad , de replicante,
    (creo que sólo ellos tienen emociones) llora y oprime esa paloma palpitante contra su pecho, para finalmente soltarla en un último suspiro, su alma se eleva al cielo al tiempo que lo hace la paloma, dentro de esa atmósfera de lluvia perpetua( Casi es la única película de este género que me gusta. Se podría hablar mucho de ella)


    Resalto a cita al escritor albano Ismail Kadare. Hace muy poquito que leí "Cortejo nupcial helado en la nieve" , tiene un final de horror y llanto, preludio de esa tragedia que viviría unos años después la antigua Yugoslavia.

    Y esa vuelta de tuerca más, para cerrar citando varios versículos del Evangelio de San Lucas 7, para expresar el llanto y el ritual de hospitalidad de esta hermosa parábola.

    De nuevo, muchas felicidades.

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  4. Pues si, a mi también me ha encantado vuestro conocimiento sobre el llanto y la lágrima que estaba necesitando para un proyecto que me ronda por la cabeza. muchas gracias

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