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domingo, 18 de febrero de 2018

DE VARONES Y LÁGRIMAS (VIAJE AL CENTRO DEL LLANTO II)

                                       Ángeles Boix y Encarna Lorenzo


    Esta entrada es la segunda parte en la que publicamos el material que usamos para nuestra entrevista en el programa de Radio Nacional, Viaje al Centro de la Noche emitido el día 28 de enero de 2018,  cuyo podcast podéis escuchar en el siguiente enlace:
http://www.rtve.es/alacarta/audios/viaje-al-centro-de-la-noche/viaje-centro-noche-viajamos-llorando-2-28-01-18/4438105/
La primera parte podéis leerla en este link: https://anthropotopia.blogspot.com.es/2018/01/viajamos-al-centro-del-llanto.html

*Las nuevas masculinidades: Los hombres fuertes también lloran.

      En la primer parte de esta entrada  ya adelantamos que la normatividad del llanto es un producto cultural, donde se expresa cuándo se debe llorar, en qué circunstancias, y sobre todo, quién debe hacerlo. Porque el llanto ha sido un considerado una expresión femenina, al menos en nuestra cultura, en la que el lema "los hombres no lloran" ha sido parte importante de nuestro bagaje colectivo.

      Sin embargo, no siempre fue así. En la antigua Grecia, el llanto masculino era un hecho que no rebajaba la masculinidad de los hombres que lloraban, tal como podemos observar en La Ilíada, en el conmovedor pasaje en el que Príamo va a la tienda de Aquiles a suplicarle que le devuelva el cadáver de su hijo, Héctor, para poder darle la sepultura que merece, y así permitir que descanse en paz.

     "Respeta a los dioses, Aquiles y apiádate de mi, acordándote de tu padre; yo soy aun más digno de compasión que él, puesto que me atreví a lo que ningún otro mortal de la tierra: a llevar  a mis labios la mano del hombre matador de mis hijos".

   Así habló. A Aquiles le vino el deseo de llorar por su padre, y cogiendo la mano de Príamo, le apartó suavemente. Los dos lloraban afligidos por los recuerdos: Príamo acordándose de Héctor, matador de hombres, derramaba copiosas lágrimas postrado a los pies de Aquiles; este las vertía, unas veces por su padre y otras por Patroclo; y los gemidos de ambos resonaban en la tienda"



      Sin embargo, en Roma encontramos ya un cambio en esta costumbre: los paterfamilias son graves y no lloran en público; en los funerales de los familiares se pagaba a las plañideras para que lo hicieran , constituyendo así una marca de status.

       El cambio se debe fundamentalmente a la diferente concepción política, que conlleva una nueva concepción del hombre y de sus virtudes. El ciudadano romano está sujeto a unos códigos de normas más estrictas, y la virtud mejor considerada para el ciudadano romano es la gravitas, la seriedad y circunspección de aquel que imparte justicia en su propia familia y debe ser escuchado. Por ello, no le está permitido mostrar su dolor en público.

       Otro elemento que influye en este comedimiento del romano y de la sujeción de sus manifestaciones emocionales es el profundo arraigo que la ética estoica tuvo en la Antigua Roma. El estoicismo es una escuela moral que propugna que la felicidad del individuo consiste en aguantar todo lo que la vida nos depare mostrándonos impasibles. Según los estoicos, hay un destino inexorable, y por ello, el auténtico sabio es el que busca la ataraxia o serenidad, imperturbabilidad del ánimo, y por lo tanto, el control de las emociones.

     Esta filosofía arraigó en el mundo romano y en todos los estratos de la sociedad, siendo cultivada tanto por emperadores (Marco Aurelio o Adriano), por ciudadanos libres e ilustres (Séneca), e incluso por esclavos libertos (Epícteto). Para saber algo más acerca de esta corriente filosófica, puede dirigirse a esta entrada: http://laperla-whynot.blogspot.com.es/2017/01/seneca.html


      Será en la época victoriana cuando esta gravitas y seriedad romana se convertirá en la etiqueta que define no solo a la época, sino lo que de ella sobrevivirá a lo largo de las décadas. La Inglaterra de mediados y finales del siglo XIX, dominada por el reinado de Victoria,vive una época de profundas transformaciones económicas y sociales que calarán en las personas que vivieron y son responsables de los cambios culturales que conllevaron aquellas. Además, dado el carácter colonial e imperialista del país, sus valores se extendieron a lo largo y ancho del mundo, llegaron a calar en el imaginario cultural occidental.  Entre estos valores que constituyen la cultura victoriana destaca la seriedad ("eartnest") del caballero que da su palabra y no necesita más garantía para saber que va a cumplir su parte del trato, la seriedad del trabajador incansable y proveedor para su familia, la seriedad del ciudadano que asume su parte de responsabilidad política , y la seriedad del ciudadano británico que siente que debe llevar la luz de la razón, la ciencia y el progreso a todos los lugares del orbe, incluso a costa de arrancar a pueblos enteros de sus sistemas sociales, políticos y jurídicos para hacerlos entrar en "la luz de la civilización".

            Es esta época además en la que se consolidan dos esferas totalmente separadas entre lo masculino y lo femenino: lo masculino es lo exterior , la actividad laboral y política, el mundo de la razón y la ciencia; el mundo femenino es el mundo interior, la actividad doméstica, la emoción y la enfermedad mental que se achaca al desplazamiento del útero por el cuerpo (histeria). En esta división, el llanto, expresión de emociones, es esencialmente femenino, y por ello, los hombres "no deben llorar", a menos que vean menoscabada su masculinidad.


        Sin embargo, y a pesar de toda esta construcción de la masculinidad en nuestra cultura a lo largo de los siglos, ha habido una parte de ellos a los que les ha estado permitido llorar, literal o figuradamente, y además, hacernos llorar. Ellos son los poetas, ya que la poesía es la expresión de las emociones mediante el lenguaje bien utilizado. Y dentro de la poesía, las elegías son una parte muy importante de la literatura en cualquier lengua. Pensemos, por ejemplo, en la magnífica "Elegía a Ramón Sijé", del poeta oriolano Miguel Hernández:

      "Yo quiero ser llorando el hortelano
        de la tierra que ocupas y estercolas,
        compañero del alma, tan temprano....
        (...)
        No hay extensión más grande que mi
        herida,
        lloro mi desventura y sus conjuntos...

Aquí os pongo un enlace para ver la elegía completa: http://www.dmae.upct.es/~gabi/images/PoemasMiguelHernandez.pdf

     El antropólogo Marcel Mauss señala al cuerpo como un objeto técnico, ya que sobre él se ejerce todo un mundo de técnicas (cultura), y por ello, igual que se construyó el mito del hombre fuerte que controla sus emociones, a partir de los años 70 del siglo XX, junto a estudios y movimientos feministas surge el movimiento MEN'S LIBERATION, que señala que los roles sexuales oprimen por igual a hombres y mujeres. Entienden la masculinidad como un constructo social, en la línea argumental ya expuesta por Margaret Mead en Sexo y Temperamento  o Coming of Age in Samoa (más información sobre esta antropóloga en https://anthropotopia.blogspot.com.es/2013/07/margaret-mead-en-la-teoria-antropologica.html).  Así, desde finales de los años 80, y ya más entrado el siglo XXI es más frecuente ver a los hombres llorar y manifestar sus emociones.

     Un elemento que ha llevado a armonizar al hombre con el llanto ha sido la eclosión y expansión de experiencias religiosas cercanas al revival que se dio en América a finales del siglo XVIII y el siglo XIX, protagonizadas por movimientos episcopalianos, pentecostitas o New Age, en todas las cuales la vivencia emocional es intensa. Nicolás Viotti , en su trabajo "Los hombres también llora. Masculinidad, sensibilidad y etnografía entre católicos emocionales porteños" explora las experiencias religiosas que llevan a hombres a llorar desinhibidamente dentro de los círculos católicos de Buenos Aires y en experiencias de Talleres de Cura Interior y  Comunidades Carismáticas Nueva Era, y concluye que estas experiencias se podían resumir en dos grandes bloques:

1.- Llanto como manifestación de que el Espítritu Santo ha entrado en ellos, cuando notan que se ha fundido con su ser.

2.- Al purificarse o librarse de un trauma, una herida, una culpa. En este caso, el llanto se produce a partir de una salida, y sería muy similar a la catarsis, de la que ya hablamos en la primera entrada en este blog sobre el tema del llanto. http://anthropotopia.blogspot.com.es/2018/01/viajamos-al-centro-del-llanto.html.


      Como podemos observar, el llanto y las lágrimas son un hecho liminal, que conecta nuestro interior y exterior, y se produce tanto cuando nos llenamos de experiencias positivas como cuando nos vamos liberando de ciertos lastres.

*El llanto en otras culturas.

       Lo que hasta ahora hemos afirmado acerca del llanto no es una realidad inamovible y extendida transculturalmente, ya que la forma de vivir e incorporar las emociones a la vida social es muy variada, y el llanto es un hecho que admite muy diferentes concepciones y prácticas.

     Los Andamaneses, habitantes de raza Negrito estudiados por A. R. Radcliffe- Brown a principios del siglo XX, de las Islas Andaman, en el Golfo de Bengala son un ejemplo de cómo el llanto tiene un significado muy extenso y diferente al que le conferimos en nuestra cultura.

    Los Andamaneses son una sociedad cazadora - recolectora, y uno de sus alimentos principales es la miel. La importancia del mismo es tal que, el nombre de las jóvenes cambia, cuando entran en la menarquía, y hasta que dan a luz a su primer retoño, al de la flor que en ese espacio de tiempo es libada por las abejas; es un nombre de miel ( información de un estudio de Ignasi Terrades , de la Universidad de Barcelona). En este punto, encontramos una primera manifestación de llanto ritual: el padre de la joven tiene que llorar ante este anuncio. La joven tiene ahora un estado civil que se corresponde con una estación natural. Esta joven tiene un papel fundamental en la cultura andamanesa, ya que son ellas las que van a conferir status social y jurídico a los varones, ya que estamos hablando de una sociedad matrilineal y matrifocal.


        Un joven andamanés adquiere personalidad social cuando pasa por el rito del llanto de la esposa. La ceremonia consiste en que los dos jóvenes vayan a un abrigo del bosque, construido por el suegro de la joven, y pasen allí dos noches. En este tiempo, la esposa tiene que llorar con tanto vigor e intensidad que este sea el recuerdo más indeleble para el joven esposo, un recuerdo que tendrá presente en los momentos difíciles para encarar la adversidad. El recuerdo del llanto es el vínculo emocional entre ambos, y el talismán protector del hombre, aunque tras la ceremonia ambos esposos no duerman juntos.
      Los Andamaneses también lloran en los saludos entre dos amigos al encontrarse, en el recurso de los fallecidos con los huesos de los antepasados en la mano, en las reconciliaciones y en todas las despedidas, incluidas las bodas.


      En otra parte del mundo, en Mesoamérica, también hay una tradición de llantos que nos pueden resultar curiosa a nuestros ojos occidentales. La cultura a la que haremos referencia es la Nahua de México. Los Nahuas son un conjunto de grupos aborígenes de Mesoamérica que comparten la lengua Nahuatl, que desde el siglo XV se refiere a las gentes de Tenochtitlan. Para los Nahuas, el llanto es una forma de mostrar humildad y dialogar con los dioses, no como súplica , sino de una forma más amplia, como el lenguaje que une a humanos y divinos. Se trata en este caso de un llanto religioso o ritual.


      Hay que llorar con humildad y tristeza ente Tezcatlipoca para conseguir una buena vida y mantener alejada la pobres. A él debían llorar los gobernantes en su ceremonia de subida al trono.

    También hay llanto ritual en las ceremonias de la lluvia Sahagún, con el sacrificio de niños, cuyo llanto es un sonido parecido al de la lluvia, y se usa como una especie de magia simpática; también lo hacen en la fiesta de la cosecha, cuando la gente llora con profusión. En el caso del sacrificio de muchachas jóvenes, sin embargo, se tenía como una señal de mal augurio que la joven llorara.

    Además de estos rituales, los nahuas también lloran en otras ocasiones:

1.- Cuando ingieren hongos alucinógenos y chocolate.

2.- Durante las crisis políticas.

3.- Durante las separaciones  (bodas y funerales principalmente).

4.- Como señal de alivio tras el cumplimiento de una profecía.

5.- Como remordimiento o amonestación.
  

*El llanto como lenguaje simbólico en el arte


El llanto está muy presente en la literatura, que por una parte es reflejo de la sociedad en la que se crea pero, por otro, también ayuda a modelar nuevos comportamientos, actuando como un importante factor de cambio social. Por citar solo algunos ejemplos, en Cervantes encontramos una manifestación de la tradicional misoginia que se pone en directa conexión con las lágrimas femeninas, como podemos observar en los consejos que Don Quijote dirige a Sancho cuando éste se dispone a asumir sus funciones de gobernador de la Insula Barataria: "Si alguna mujer hermosa viniese a pedir justicia, quita los ojos de las lágrimas y los oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que te pide, si no quieres que se anegue la razón en su llanto". Cervantes denuncia aquí la estrategia de los débiles para la supervivencia: la belleza, acompañada de lágrimas y gemidos, son argumentos tan poderosos que ningún hombre sería capaz de resistirlos. 
El atormentado Werther en la ópera de Massenet
En cambio, Las penas del joven Werther, de Goethe, en 1774, produjo una revuelta prerromántica que barrió toda Europa dando paso a una nueva sensibilidad masculina. Se trataba de la historia de amor imposible de Werther que, por honor y amor, acaba quitándose la vida. Esa extraordinaria novela causó tal impresión en su época que no solo dejó huella en la historia de la moda, con una legión de jóvenes vestidos, como su héroe, con casaca azul, chaleco amarillo, pantalones rojos y chistera, sino que también causó una auténtica conmoción psicológica colectiva, con una epidemia de llantos y suicidios. También cabe resaltar el gran uso que hicieron las publicaciones seriadas de la tendencia al llanto de los lectores, entre ellas novelas como Oliver Twist de Charles Dickens, publicada entre 1837 y 1839, con su denuncia de los excesos de la revolución industrial, o La cabaña del Tío Tom de Harriet Beecher Stowe, publicada entre 1851 y 1852, con una declarada finalidad abolicionista. Estos autores dosificaban los episodios dramáticos para mantener enganchados a los lectores semana a semana y provocar una importante respuesta por parte del colectivo social. Sin duda los periódicos conocían y aprovechaban la propensión al llanto de los lectores y lectoras decimonónicos, que debieron de hacerse adictos a los opioides naturales que contienen las lágrimas ya que pueden llegar a crear adicción. Hollywood tampoco ha andado lejos de esas fórmulas de comunicación tan eficaces, como en los grandes melodramas de Douglas Sirk en los años 50. Y la literatura sentimental sigue aprovechando el tirón de las lágrimas entre las lectoras para continuar cosechando grandes éxitos.También musicales tan sólidos como Billy Elliot combinan crítica social, el emotivo recuerdo de los que ya no nos acompañan y el inextinguible sueño de triunfar para arrancar a todos los espectadores un buen montón de lágrimas. Y es que se trata de una fórmula artística que, adecuadamente dosificada, nunca falla.


En cuanto a las artes plásticas, no podemos pasar por alto que el llanto está muy presente en la Biblia pero más en particular en el Nuevo Testamento. Jesús llora por la muerte de su amigo Lázaro,o por la suerte de Jerusalén. Igualmente llora María Magdalena, San Pedro después de negar tres veces a Jesús y, sobre todo, la Virgen dolorosa, fuente de todas las lágrimas. Ese llanto, tan importante desde la óptica del fenómeno religioso cristiano, expresa compasión, dolor, arrepentimiento. y perdón. Siendo la Iglesia el principal cliente para muchos artistas, no es extraño que en la pintura y la escultura tuvieran reflejo constante estos temas, especialmente con la Contrarreforma, que otorgaba corporalidad, por medio del arte, al sentimiento más patético. En la imaginería barroca, en particular, con la Pasión en movimiento por las calles de las ciudades, estuvieron muy presentes las lágrimas, como en la maravillosa Virgen Dolorosa de Salzillo, o en el Cristo en la cruz o en los apóstoles, en las obras de tantos magníficos escultores que nos han legado un arte pleno de emoción humana. Y es que, para dar más naturalidad a esas lágrimas, se elaboraban con cristal. Los pasos procesionales conseguían despertar, con todo ese cortejo de detalles naturalistas, la com-pasión de los fieles, el pathos que les permitía identificarse con estos episodios tan dramáticos de la vida de Jesús. 

*El llanto en la sabiduría popular: Dichos y refranes. ¿Cómo crean clichés y condicionan nuestro comportamiento?
En el habla popular son muy habituales las expresiones en las que se utilizan las lágrimas como referente. Así, por ejemplo, ser un "paño de lágrimas" define a una persona que tiene una gran capacidad para escuchar y confortar a quien le relata sus penas, lo que resalta el valor social de la empatía. Otras expresiones muy generalizadas en otros tiempos pero que quizá hoy se encuentren ya desfasadas, se reúnen en torno al campo semántico religioso, como es el "valle de lágrimas", un lugar real en Israel pero que se utilizó largamente como metáfora de la vida como lugar de sufrimiento, en abierto contraste con la felicidad eterna en el Paraíso y que es reflejo de la dualidad platónica entre el mundo real y el mundo de las ideas. Igualmente, "allí habrá llanto y rechinar de dientes", una expresión que utiliza Jesús en diversas ocasiones en el Nuevo Testamento y con la que se refiere al infierno pero con la que nosotros aludimos a situaciones desagradables. El llanto se expresa en imágenes muy gráficas, que reflejan intensidad emocional, como "llorar a moco tendido", "a lágrima viva" o "como una magdalena", es decir, exageradamente. Hay algunas frases que eran de uso muy frecuente antaño, como "quien bien te quiere te hará llorar", que aparece citada entre los múltiples refranes del Quijote, y que se aplica a las correcciones necesarias de los padres a los hijos para asegurar su buena educación, aunque muchas veces se ha mal entendido como una justificación del castigo físico o de una pedagogía autoritaria. Pero para mí el refrán estrella es "quien no llora no mama", toda una declaración de pragmatismo. Los niños reclaman a sus madres el alimento y el cuidado y por ello, quien quiere conseguir algo, debe hacerse notar, pedirlo repetidas veces e incluso despertar la compasión. Amaya Prieto nos brindó un bonito ejemplo más: "los amores entran riendo y salen llorando".
*El llanto mágico:
-El llanto de los dioses y la perturbación de la Naturaleza. El poder sanador de la risa.
En la mitología, el llanto se utiliza como una metáfora para expresar las perturbaciones en la naturaleza. Así, en Egipto el dios padre Ra, el sol, disgustado, abandona el cielo, amenazando con una catástrofe cósmica. Por ello, su hija Hathor, la diosa del amor y de la alegría, realiza un gesto ritual apotropaico para retornarlo a su lugar. Ese gesto es la anasyrma, la exhibición de los genitales que, causando la risa, permuite devover el equilibrio del medio natural. La teóloga y antropóloga Caterina Jacobelli utiliza otros ejemplos en los que también sucede así. En Grecia, la diosa Demeter, protectora de la agricultura, desolada porque su hija Perséfone ha sido secuestrada por Hades, que la retiene en el inframundo, muestra su duelo con tan gran dolor que mueren los cultivos. Por ello su criada Baubo decide que la única solución es provocar la risa de la diosa con un gesto obsceno, que hace que Demeter recupere la alegría y, con ello, retorna la primavera. Los elementos presentes en este mito se repetían en los ritos del Eleusis para propiciar la fertilidad animal, agrícola y humana.
 

El mismo esquema llanto-risa se encuentra presente en un mito asimilar en Japón, el de la diosa Amaterasu, cuyo llanto cubre al mundo de tinieblas, haciendo insoportable la situación. Por eso, los demás dioses se confabulan para provocar la risa salvadora con gestos obscenos. Jacobelli también considera que el mismo mitema es el origen de la costumbre medieval y barroca de la risa pascual, el Domingo de Pascua, un gesto mágico para espantar al poder de la muerte y para reforzar la resurrección de Jesús, evento mítico al que se equipara el renacimiento de la naturaleza. (Podéis leer más sobre la risa pascual en esta entrada: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2017/04/la-risa-de-los-dioses-y-el-despertar-de.html)
-El don de lágrimas de los santos
Otro ejemplo de carácter místico que atribuimos a las lágrimas es el don de lágrimas que, de acuerdo con sus propias confesiones, experimentaron San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús o San Josemaría y que es expresión de una gracia sobrenatural. Como diferencia respecto de las lágrimas emocionales ordinarias, este llanto místico no provoca una alteración de los músculos faciales y es más frecuente y más intenso porque expresa una experiencia unitiva con Dios. Otra diferencia reside en su efecto beneficioso para el destinatario.
-La poderosa metáfora de la lágrima
Mientras que el llanto puede tener connotaciones negativas, las lágrimas siempre son ejemplo de belleza y perfección. Por eso en China llaman al jade las lágrimas de Buda. Los romanos creían que el ámbar, que utilizaban como un valioso amuleto por atribuirle propiedades protectoras, eran lágrimas arrancadas al dios Sol. También entre los incas, la preciada plata era considerada como las lágrimas de la luna, y la idílica isla de Bali se conoce como la lágrima de la India. 



Las lágrimas de San Lorenzo, el mártir cuya festividad se celebra el 10 de agosto, es el nombre popular que reciben las Perseidas, una lluvia de estrellas fugaces visible en esa fecha y que es quizá el más hermoso regalo que nos brinda el universo. Las lágrimas son también una de las herramientas más expresivas de un tipo de magia verbal, la poética, porque evocan la belleza y la perfección, especialmente cuando se muestran como el fruto de las penas de amor. El poema de las lágrimas de Lord Byron es todo un ensayo lírico acerca del valor y la nobleza de los distintos tipos de lágrimas. Podéis leerlo en este enlace: http://www.mundopoesia.com/foros/temas/el-poema-de-las-lagrimas-lord-byron.423777/

*Algunas conclusiones

        Una vez que hemos "viajado llorando", espoleadas por la propuesta de Amaya Prieto, hemos podido sacar algunas conclusiones interesantes acerca del llanto.

         El llanto es un fenómeno cultural al que prestamos mucha menos atención que la risa, probablemente porque lo asociamos al dolor y, por ello, en nuestra hedonista sociedad, asignamos a este polo del binomio un mayor disvalor. Sin embargo, en cuanto dirigimos nuestra mirada curiosa alrededor, lo vemos aparecer por todas partes: en el arte, en el lenguaje, en nuestro ser y estar en el mundo. Esa omnipresencia es la que justifica que os hayamos invitado a acompañarnos  en este apretado paseo por la historia cultural, por el tiempo y el espacio, y desde la naturaleza a la cultura.

          El llanto es un acto de liminalidad, de conexión entre el interior y el exterior, que marca la diferencia entre géneros y entre culturas, y hasta formas de vivir la religión.  El carácter liminal del llanto se intuye desde el mismo momento en el que vemos que es nuestra primera forma de interactuar con el mundo en el que acabamos de entrar, y es con lo que se nos despide al marcharnos del mismo.Es una "puerta de doble gozne" (tal como expresaba Parménides la entrada a la morada de la diosa que le enseñará el camino de la verdad ) que nos hace sentirnos conectados a la realidad del mundo racional y normativizado, y al mismo tiempo, a lo más íntimo y profundo de nuestro ser emocional.

Bibliografía consultada:
-Calixto, Eduardo: Llorar nos hace humanos.Web.11-1-2018.
-Coria, Javier: Plañideras.Web.11-1-2018.
-Flintoff, Jean-Paul: Why we cry.30-8-2003.Web.11-1-2018.
-Jarrín Hernández, Elena: Dacriopsicología: Estudio sobre el origen y clasificación del llanto.2011. Tesis doctoral. Universidad de Alcalá de Henares. Web. 12-1-2016.
-Majluf, Alegría: Llanto del adulto. Revista de Psicología de la PUCP, 1998. Web.26-1-2018.
-Sanz, Elena: Fisología y neurociencias del llanto. 11.2-2015.Web.11-1-2018.

- Terrades Saborit, Ignasi: https://revistas.ucm.es/index.php/RASO/article/download/RASO0404110253A/9627   14/02/18.  
-Valtierra, Ana.Plañideras. Iconografía de las profesionales del llanto funerario.Web. 17-1-2018.
-Qué es el don de lágrimas y cómo se experimenta.Web.11-1-2018.
-Wikipedia: entradas sobre Plañideras, Lacrimatorio, Funeral y Llanto.Web.11-1-2018.

domingo, 11 de febrero de 2018

EL ENIGMA DE LA LICANTROPÍA

JOSÉ LOSADA

 Grabado de Cranach interpretado por @joseda_vinci

1. INTRODUCCIÓN.
Con este título es relativamente fácil suscitar el interés de los lectores porque evoca al personaje de muchas obras literarias y películas del género fantástico (en este campo estaría al mismo nivel que el Conde Drácula, la momia o Frankenstein, cuyas visitas a  principios del mes de noviembre nos resultan cada vez más familiares).   Sin embargo, cuando uno se asoma  a las historias del hombre-lobo se  ve asaltado por una intuición que proviene del inconsciente colectivo y que le transporta a la velocidad de la luz hacia los más oscuros y profundos secretos que acompañan al ser humano desde que como tal puede ser nombrado. La conciencia de que en algún momento nuestros antepasados directos eran distintos a nosotros, unida a la posibilidad aterradora de que, por alguna fuerza misteriosa, regresemos a esa condición animal son los elementos que constituyen un miedo ancestral para cuya conjura necesariamente hemos acudido desde la Antigüedad a mitos y leyendas. Así, los castigos divinos, las maldiciones o la fuerza de la sangre aparecen y desaparecen cíclicamente para explicar la involución de la especie humana que convierte a sus individuos en seres feroces capaces de desandar el camino que se inicia en la noche de los tiempos hasta llegar al actual homo ¿sapiens? Nuestro recorrido se iniciará en la antigua Grecia y terminará en la cultura popular gallega en la que encontraremos elementos coincidentes con otras tradiciones que, como si de un río subterráneo se tratase, no se detiene  ni entiende de distancias ni del paso del tiempo.

2. LA ZOOANTROPÍA.
Antes de adentrarnos en el estudio de la licantropía, es preciso que nos detengamos en el género al que pertenece, es decir, en las numerosas leyendas en las que el hombre o la mujer se convierten en animales o en las que estos se personifican. No hay que acudir a la novela de Kafka; en el capítulo 13 de la primera parte del Quijote se alude a la metamorfosis del Rey Arturo en cuervo. En las culturas precolombinas a algunos chamanes se les atribuían el poder de convertirse en jaguar, el mayor depredador que se conocía en esas latitudes; para mostrar el poder que ostentaban se vestían con pieles de ese animal y usaban sus colmillos como adorno. En África están recogidas muchas tradiciones en las que se cuenta la capacidad de hombre y mujeres para transformarse en animales fieros, como el león. Una particularidad muy interesante aparece en el folklore del sudeste asiático: el dios creador resuelve la superpoblación  convirtiendo a la mitad de los habitantes del mundo en árboles.


En la metamorfosis que convierte en lobo al ser humano se observan matices. Así, en Bielorrusia existe una tradición que nos habla de un rey, nacido durante un eclipse de sol con una protuberancia en la cabeza (otros signos que equivalentes son las manchas en la piel o el llamado “mechón lupino” y nos confirman la impresión expuesta en la introducción). Se le atribuían poderes mágicos y alcanzó grandes victorias militares. En  este caso late una valoración positiva, relacionada con el poder y el uso de la fuerza para conseguir sus finalidades. No obstante, son las narraciones con una connotación negativa marcada las que considero más peculiares porque encierran los ecos anteriores a la evolución social. Una vez más, la literatura demuestra hasta qué punto  se conecta con las tradiciones y el subconsciente colectivo.
En el Canto I  del Infierno de  La Divina Comedia se identifica a la avaricia con una loba, “flaca de cuerpo pero insaciable en sus deseos”. En el Canto VII  Virgilio llama lobo a Plutón, dios de las riquezas: “Tace maladetto lupo: Consuma dentro de te con la tua rabbia”. También en el Canto XXXIII Dante muestra   esta idea a la que hemos hecho referencia.


 Sitúa en la Antenora al conde Ugolino empeñado en roer la cabeza del arzobispo Rugiero; el motivo, el cruel tormento que sufrieron el primero y sus hijos, condenados a morir de hambre en una lóbrega mazmorra. Tras tener un sueño premonitorio en el que aparecen  un lobo y sus lobeznos, el padre aparece encerrado junto a sus hijos. El autor juega con la idea horrible del canibalismo porque cuando los segundos descubren a su progenitor mordiéndose las manos, se ofrecen diciendo: “Padre será mucho menos nuestro dolor si comes de nosotros”. Queda sin aclararse  por completo  si esto llega a suceder, aunque el hecho de que el conde muriese pocos días después del último de sus hijos, más por el hambre que por el dolor, sugiere que al final no llegó a cumplirse el presagio.


En la obra Romance de lobos de Valle Inclán, los hijos desagradecidos, avaros y crueles merecen ese apelativo. Tampoco se libra su padre, el hidalgo protagonista: “Fui toda mi vida un lobo rabioso, y como lobo rabioso quiero perecer de hambre en esta cueva” (III, 4ª). Las referencias no pueden ser casuales en una tierra como Galicia en la que las leyendas que surgen alrededor de los lobos son numerosas, según se verá más adelante.

Otro ejemplo de esa connotación negativa de raíces tan profundas lo encontramos en el apodo Pepa a Loba que da título a una novela de Carlos Reigosa. Se trata de la  historia-leyenda sobre una bandolera del siglo XIX que alcanzó gran notoriedad por su ferocidad. El novelista pone estas palabras en boca del Fiscal que la acusa en el juicio: “Pepa la Loba, un apodo premonitorio, acertado, porque loba es, animal salvaje y sin entrañas que no conoce el respeto que los seres humanos se deben entre sí”.


La misma idea peyorativa, la del lobo como encarnación de los peores defectos, se rastrea en el origen del término “lupanar” y en los cuentos infantiles en los que es el enemigo contra el que tienen que luchar los protagonistas en apuros. ¿Se trata de una casualidad? No lo creo; al contrario, pienso que existe un mensaje oculto que ha llegado hasta nosotros desde tiempos remotos. Quizá se trate solamente de recordarnos de dónde venimos, mas también sea una advertencia acerca de la posibilidad de volver a la casilla de salida, como ocurre en el Juego de la Oca.


3. EL VIAJE.
El origen de las leyendas del hombre-lobo se remonta a los inicios de la civilización. Si un autor que vivió en el siglo V A.C. se refiere a ellas es porque es receptor de  una tradición oral mucho más antigua que se limita a plasmar por escrito; y, si otros posteriores continúan recogiéndolas, sin duda alguna es porque continúan vigentes en la cultura popular. Las referencias que siguen muestran su pervivencia a lo largo de casi dos mil años, algo que solamente puede explicarse si a la fuerza expresiva de las narraciones se añade una funcionalidad social cuya importancia no decae pese al paso del tiempo.
Herodoto nos cuenta que ninguno de los neuros, pueblo similar a los escitas,  dejaba de convertirse en lobo una vez al año y por escasos días, volviendo después a su primera figura. No será por casualidad que en el capítulo siguiente se refiera a los “andrófagos”, los más agrestes y fieros de todos los hombre. El historiador termina su relato sobre los neuros diciendo: “¿Qué haré yo a los que tal cuentan? Yo no les creo de todo ello ni una palabra, pero ellos dicen y aun  juran lo que dicen? (“Los nueve libros de la Historia”, IV, 105).
En el capítulo XII del libro VIII de su Historia Natural, Plinio El Viejo afirmó que ninguna mentira hay tan desvergonzada que no tengan algún testigo griego, nación a la que atribuía una credulidad sin límites. Pese a todo el autor latino nos refiere una historia recogida de los arcadios según la que en la familia de un cierto Antheo se solía elegir a un miembro el cual, llegado a un estanque determinado dejaba sus ropas colgadas de una encina, se arrojaba al agua y pasaba al desierto, lugar en el que se convertía en lobo durante nueve años. Si durante este tiempo no hacía daño a ningún hombre, volvía al mismo lugar y recuperaba su forma, solo que nueve años más viejo. También nos habla de un atleta que en los sacrificios que se hacían a Júpiter Licaón probó la carne humana, convirtiéndose en lobo durante diez años, transcurridos los cuales, volvió a la lucha y venció en los Juegos Olímpicos (se supone que recuperada su forma humana).
En Las Metamorfosis de Ovidio se refiere el castigo divino que sufrió el tirano Licaón por haber incurrido en el canibalismo; antes se había burlado de los votos religiosos. Pierde el sentido del habla, solamente puede aullar; en vellos se vuelven sus ropas y en patas sus brazos, y se convierte en una lobo sediento de sangre.
Acorde con el tono general de la obra, encontramos en el capítulo LXII  de  El Satiricón de Petronio a un criado que relata la mala experiencia que vivió con un huésped de su amo. Curiosamente, Plutón vuelve a salir mencionado, pero no como hemos visto en La Divina Comedia sino como referente del valor. Para sorpresa del narrador su acompañante, llegados a un cementerio por la noche, se despoja de sus ropas, orina en ellas y se transforma en lobo, aullidos incluidos, para seguidamente internarse en el bosque. En el desenlace del relato descubre al visitante convertido nuevamente en ser humano y mientras, es curado de sus heridas, tras saber que un lobo que  había perpetrado una matanza en una majada de carneros había quedado herido de gravedad.
Aunque muy posterior en el tiempo, Cervantes demuestra  en su Persiles y Segismunda estar muy al corriente de las tradiciones recogidas por autores de la Antigüedad Clásica. Atribuye la licantropía a pueblos que habitan regiones lejanas, en este caso, septentrionales, y también duda de la veracidad de las historias que en ella se refieren. Es curiosa la mención a una enfermedad, que denomina “manía lupina”, que hace que quien la sufre crea que se ha convertido en lobo, aúlle como tal y se junte con otras que sufren el mismo mal. Matan a quien se encuentran, destrozan los árboles y comen la carne cruda de los muertos. Sitúa este horror en la isla de Sicilia, donde los enfermos son llamados “lobos menar”, y llama la atención sobre una circunstancia muy interesante: cuando notan los primeros síntomas, los enfermos piden a los demás que los aten  o huyan de ellos para evitar las terribles consecuencias.
Las referencias repetidas a la ropa en el proceso de transformación me recuerdan que en el capítulo 3 del Génesis la conciencia de la desnudez es la primera sensación de Adán y Eva cuando tras comer del árbol prohibido  asumen la condición humana. Otras características, a veces meros detalles (la temporalidad de la metamorfosis, el canibalismo, la vivencia en grupo, entre otras), denotan la existencia de una tradición común resistente al paso del tiempo e inmune a las fronteras.

4. GALICIA.
La referencia a Galicia cuando se trata de la licantropía es casi obligada por varias razones. La primera, quizá anecdótica, es la existencia en la lengua gallega de una palabra específica: lobishome. Hay otra, que considero más literaria y por ello con de menor valor etnológico: lubicán. La segunda, que el único caso que se presenta como tal y así está documentado afecta a un gallego, Blanco Romasanta; deliberadamente omito su nombre de pila por una razón que el lector conocerá en el capítulo siguiente. Finalmente, también es gallego el autor que realizado el estudio más detallado y esclarecedor de los que conozco; se trata de Vicente Risco, que dedicó al tema su discurso de ingreso en la Real Academia Gallega, leído el 23 de febrero de  1929.


Ramón Suárez Picallo, que había abandonado Galicia al terminar la Guerra Civil, escribió un artículo en 1950 con ocasión de una noticia que por entonces circulaba por Chile acerca de un niño-lobo y  aprovechó la oportunidad para  recordar que en su lejana tierra existían numerosas leyendas al respecto. Nos habla de los términos utilizados en gallego y del interés de los investigadores, destacando a  Vicente Risco. Me imagino que la lectura de una referencia relacionada tuvo el efecto de despertar en el periodista exiliado la necesidad de revivir sus recuerdos, en lucha constante con el tiempo y el olvido ( La feria del mundo. Crónicas desde Chile, páginas 358 y 359, Consello da Cultura Galega, disponible en internet).


Bajo el seudónimo “Chuco de Canedo”, Avelino Rodríguez Elías publicó en el periódico El Tea, correspondiente al 14 de junio de 1913, un relato sobre lo que describió como “una de las creencias más estúpidas e increíbles que aún existen en Galicia”. Relaciona a los lobishomes con una “fada” o maleficio que cae sobre una familia en la que nacen siete hijos varones seguidos; si al nacer al menor no lo apadrina el primogénito, por las noches se convertirá en un perro que andará por el monte chillando, pero no hará daño a nadie. Por el día hará vida normal. Solamente se romperá el hechizo si, estando en forma animal, es herido con una “aguillada” (o vara con la punta de hierro) de carretero.
X.M.  González Reboredo recoge en su libro Lendas galegas de tradición oral varias historias sobre el tema. Comienza con una que sitúa en el municipio pontevedrés de A Estrada. Trata de una niña perdida que fue encontrada acariciando a un lobo muerto; los padres, agradecidos a la Virgen, levantaron en el lugar un “cruceiro” que todavía existe. Las dos siguientes, recogida la primera en el municipio lucense de Cervantes y la segunda en el ourensano de Viana, tienen en común que la licantropía surge a partir de la maldición del padre, sea por la pereza o por el apetito voraz de su vástago; como se dice en una de ellas, la maldición de un padre es lo peor que puede haber para un hijo. Como en el cuento de Rodríguez Elías, sus efectos desaparecerán  cuando se hiera al hombre convertido en lobo, en el caso de Cervantes; pero, en la tradición ourensana, es preciso matarlo, porque su instinto asesino se ha vuelto contra sus congéneres: “O lobo da xente”, así era conocido el hijo maldito,  fue sorprendido revolcándose en excrementos de vaca como paso previo a atacar a una niña.


El último  relato o leyenda nos servirá para conectar con la obra del autor cuyo nombre ya ha aparecido en varias ocasiones en los párrafos anteriores. 
Vicente Risco, en el discurso antes mencionado, junto a otras investigaciones que abarcan varios campos del conocimiento (la psicología, la psiquiatría, la metafísica y la etnología), se refiere a dos historias recogidas en su provincia ourensana. Una de ellas ya aparece en el libro de González Reboredo con el título de La mujer-lobo. Nuevamente la maldición del padre provoca la metamorfosis pero, en este caso, es temporal y alterna con períodos en forma humana; bajo la primera forma actuaba como “capitana de los lobos”; en la segunda, encendía fuego para que se reuniesen a su alrededor. Su vuelta a la normalidad es producto de la herida que le causa un molinero que pretendía impedir que entrase en su casa.


En la segunda, que también proviene de la provincia de Ourense y se publicó de manera independiente, se parte de una situación familiar complicada. Su padrastro intenta abusar de la protagonista y, cuando se defiende, es maldecida por su madre y la echan de la casa familiar, convirtiéndose seguidamente en loba. La acción transcurre en un “sequeiro”, construcción típica cuya finalidad era secar las castañas. Para ello se encendía fuego y se ponían sobre un techo de madera que forma una especie de desván.  La casualidad ha querido que, en fechas muy recientes, La Voz de Galicia  les haya dedicado un reportaje, gracias a cuyo contenido gráfico el lector podrá hacerse  una idea más aproximada de sus características:   https://www.lavozdegalicia.es/noticia/lemos/2018/01/28/sequeiros-olvidados-mazo/0003_201801M28C4991.htm .  
La labor exigía que se cuidase la lumbre durante toda la noche y por eso el  muchacho encargado, tras encerrarse, pues le habían avisado de que andaba “o lobo da xente” por la comarca, da cuenta de su cena de pan, vino y tocino y se dispone a dormir un poco cuando es sorprendido por el ruido que hace un lobo que intenta forzar la puerta. Se sube al entramado  de madera (“caniceira”) y desde allí observa cómo el animal se despoja de su piel y se convierte en una hermosa mujer que llora desconsoladamente. Sin dudarlo, el mozo decide echar al fuego la “pelliza” y, aunque esta ofrece resistencia, consigue quemarla, librando a la muchacha de la maldición.
Me parecen dignos de ser destacados tres conceptos que aparecen insertos en el relato  y que muestran que el interés del autor no es meramente literario. Lo mismo que otros autores, desde Herodoto a Cervantes, es consciente de que es una historia poco verosímil y por eso comienza diciendo que le fue contada por una persona que continuaba viva por entonces. 


Se refiere al “arreguizo astral”, un miedo ancestral que  pone los pelos de punta y toma la voz, el cual retrata en un dibujo que ilustra la edición. Y para justificar la certera reacción del muchacho, trae a colación una idea que enlaza la licantropía  con el subconsciente colectivo al que se aludió en la introducción: “En ese momento se encendió con una idea la conciencia del mozo. No sé quién se la habría inspirado: puede haber sido el alma de la raza que vive en nosotros y que lo sabe todo”.
En su discurso, Risco recoge varias creencias recogidas por él mismo. Una de ellas es similar a la ya referida por  “Chuco de Canedo” y, además, da cuenta de una figura muy interesante: “a pieira dos lobos”. Dice que si en una familia nacen siete hijas seguidas, la última lo será. En su modalidad masculina aparece en el municipio ourensano de Avión. Se trata de una persona que tiene poder sobre los lobos, influye en su comportamiento y por evitar que ataquen al ganado, puede llegar a cobrar a los vecinos. Se cuenta que vive en la misma cueva que los animales y que estos se ocupan de mantenerla. El autor relaciona esta leyenda con El libro de la selva de R. Kipling.
El etnólogo ourensano se detiene en el concepto de “fada” que tan presente está en las leyendas que estudia. Las que lanzan los padres y los viejos son las peores, especialmente las de los primeros porque son los dueños de la sangre y es ahí donde reside el alma. En ese caso, produce el efecto de expulsar al hijo no solamente de la familia sino también de la especie  humana, convirtiéndolo en una bestia feroz: “El que le ha dado la humanidad se la quita, porque tiene poder para ello, como tuvo para dársela”. La función sanadora del derramamiento de sangre se relaciona con el hecho de que el “meigallo” reside ahí precisamente.
El trabajo de Risco está lleno de erudición y recomiendo vivamente su lectura (está disponible en internet en versión original). No obstante, me gustaría destacar dos aspectos del mismo que me parecen muy llamativos. 

El primero es la relación que establece con los personajes del carnaval (“peliqueiros, cigarróns, pantallas” etc), que suelen llevar representaciones de animales (algunas fotografías aparecen en la entrada de este blog “Sempre Xonxa. La Galicia de Chano Piñeiro”). El segundo, la relación con los lobos de algunos topónimos; me limito a señalar el de una parroquia pontevedresa por la que he pasado varias veces: Trasulfe, aunque existen otros.

Pazo de Trasulfe (Rodeiro)

    5. BLANCO ROMASANTA.
Cuando se pronuncia el discurso,  no había transcurrido un siglo desde el juicio al hombre lobo gallego. De su repercusión en la opinión pública da idea que su abogado defensor publicó un libro en el que detalla los pormenores del proceso judicial ( Reseña de la causa formada en el Juzgado de primera instancia de Allariz, Distrito de La Coruña, contra Manuel Blanco Romasanta, el hombre lobo, por varios asesinatos, de Manuel Rúa Figueroa). Existe, por tanto, una amplia documentación sobre el caso que ha permitido su estudio hasta nuestros días. Yo he consultado, además de la pieza del académico ourensano, el artículo “El caso de Blanco Romasanta, el hombre-lobo gallego desde la perspectiva psiquiátrico-forense actual” de Ángela Torres Iglesias y Xosé Ramón Mariño Ferro (disponible en internet). También me ha servido la novela Romasanta, memorias inciertas del hombre lobo de Alfredo Conde.

La lectura de las biografías de Blanco Romasanta nos muestra una Galicia muy distinta a la actual,  la de la  primera mitad del siglo XIX. Malas comunicaciones, la incipiente inmigración que ha marcado su historia posterior, madres solteras, venta ambulante, cuadrillas de temporeros que se desplazaban a la siega en Castilla y, sobre todo, la presencia e influencia de las creencias, supersticiones y leyendas transmitidas por la tradición oral.
Nació en 1810 en Rigueiro, Santa Baia de Esgos, Ourense. Tras haber enviudado muy joven, inició una vida independiente en la que fue sirviente y comenzó a dedicarse a la venta ambulante. En sus andanzas llegó a la provincia de León, donde fue condenado en rebeldía por el homicidio de un alguacil que se disponía a embargar sus pertenencias. De vuelta a la provincia de Ourense, si bien en una comarca distinta a aquella de la que era oriundo, continúa con su actividad como buhonero que le lleva a realizar numerosos viajes a Portugal. Traba conocimiento con una mujer, Manuela García Blanco que, deseosa de mejorar su posición económica, en 1845 accede a acompañarle a una tierra lejana (así era considerada por entonces Santander), con la promesa de ser colocada como sirvienta en la casa de un clérigo. Para afrontar los gastos vendió sus bienes. Después del viaje, Blanco Romasanta vuelve  a la aldea con noticias prometedoras. Llega a presentar cartas de la viajera, lo que hace surgir en otros familiares la idea de seguir el mismo camino. De esta forma, varias hermanas, unas solas y otras acompañadas de sus hijos, y en algunas ocasiones dejando a los menores a cargo de Blanco Romasanta, acceden a acompañarlo, sin que con posterioridad vuelva a saberse de unas y otros. Entre tanto, se observa que nuestro protagonista  vende en otras zonas ciertas prendas de ropa que les pertenecían y, en algún caso, se apropia de sus bienes porque, antes de iniciar el periplo, había convencido a su acompañante para que le vendiese sus bienes con la promesa de pagar el precio al llegar a su destino.
Los vecinos empiezan a sospechar de él; se dice que había matado a los viajeros para sacarles la grasa corporal que después vendía en Portugal (se utilizaba, según cuentan, para elaborar carísimos productos cosméticos). Se le acusa de ser un “sacamantecas” o, como se decía en Galicia, “o home do unto”. Nuevamente decide poner tierra de por medio; vuelve a Castilla pero esta vez a una provincia más lejana, a Toledo. Allí, en el  municipio de Nombela, es reconocido por tres vecinos de Laza, integrantes de una de las muchas cuadrillas de gallegos que se desplazaban a la siega (los que inspiraron el poema de Rosalía de Castro que comienza “Castellanos de Castilla, tratade ben ós; cando van, van como rosas; cando vén, vén como negros”). 


Allí es detenido pese a llevar documentación falsa. Ya en Galicia, confiesa no solamente los crímenes que se desprende lo relatado hasta ahora sino también otros que tienen en común la circunstancia de que las víctimas se habían aventurado en parajes desolados, los mismos que Blanco frecuentaba por causa de su actividad de vendedor ambulante. Llega incluso a acompañar a la Comisión Judicial a los lugares en los que dice que había abandonado a sus víctimas; se encuentran restos óseos que, por el largo tiempo transcurrido y por el escaso desarrollo de las ciencias forenses, no pueden atribuirse indudablemente a alguna de las personas desaparecidas, aunque sí se confirma que pertenecen al cadáver de una mujer.
Durante la instrucción de la causa ya comienza a manifestar que todas las acciones que se le imputan las cometió en un estado ferocidad que atribuye a una maldición de sus padres o de su suegra. Cuenta que comenzaba por revolcarse en la tierra y que, en ese estado, atacaba a sus víctimas, acompañado en ocasiones por otras dos personas aquejadas del mismo mal. Se trataba de dos oriundos de la Comunidad Valenciana, uno de ellos llamado Genaro. Tras cometer sus horrendos crímenes y al volver a su estado normal, se mostraban muy compungidos, sobre todo el nombrado en último lugar. Afirmó que, tras padecer durante trece años, se había curado repentinamente el día de San Pedro de 1852. Una anécdota que da cuenta de la convicción con la que mantenía su licantropía, se desarrolla en el Juzgado, cuando se dirige a un escribano diciéndole: “Ay, si me volviera lobo”; entonces el Juez empuñó una pistola y le contestó: “Pues anda, atrévete a volverte lobo”, bravata que fue respondida como sigue: “Ay señor, si me volviese lobo no habría bala que me matase”.
Contamos con una descripción física de Blanco Romasanta en el informe forense. “Es un hombre de 43 años, de cinco  pies menos pulgada de talla, tez moreno claro, ojos castaño claro, pelo y barba negro, semi calva  la parte superior de la cabeza; fisonomía nada repugnante y sin  rasgo característico; mirada ya dulce, ya tímida, y feroz y altiva y forzadamente serena…”. Tras su lectura destaco una de las frases: “se advierte en él penetración, tacto y talento naturales y superiores a su condición”. Precisamente, no se aleja de tal consideración la imagen que ofrece Alfredo Conde en su novela, es decir, como alguien dotado de una inteligencia superior a la media que ideó  una versión que enlazaba con la conciencia popular y que le serviría tanto para intentar no ser declarado culpable de los crímenes que había cometido como para apartar el foco de la finalidad más terrible que la opinión  publica les atribuía.

Pese a todo, es condenado en 1853 por el Juzgado de Allariz a la pena de muerte por la comisión de nueve homicidios. Por virtud de los recursos interpuestos, le fue rebajada a cadena perpetua en un primer momento para, finalmente, volver a agravarse. Por la Real Orden de 13 de mayo de 1854 le fue conmutada por la de prisión a perpetuidad. Durante muchos años se ignoró su paradero posterior aunque ahora, merced a estudios realizados con ocasión de un congreso que le fue dedicado en Allariz, se sabe que falleció en el penal de Ceuta en 1863.
Es descrito como una persona devota, dotado para las labores manuales, incluidas las que ordinariamente se reservaban a las mujeres, como hilar o tejer. Se cuenta que, cuando estaba ingresado en la prisión de A Coruña, vestía una muradana o  mantelo, que es una prenda femenina, y entretenía su tiempo hilando; también que se asomaba a la reja de su celda con la cara cubierta y que solamente la descubría a cambio de dinero.
 El lector habrá observado que, desde el principio, se ha omitido el nombre de pila del personaje principal de esta historia. Ello es debido a que, como recogen Torres y Mariño en su estudio, en la inscripción de bautismo aparece como Manuela y no como Manuel, según es conocido más adelante. Puede ser debido a un simple error, pero la descripción de su carácter y actitudes que ha llegado hasta nosotros permite sostener la hipótesis de que se trate de un caso de hermafroditismo. Tanto Vicente Risco como los autores citados recurren a la patología psiquiátrica para explicar su caso; Alfredo Conde. en su muy documentada novela, lo presenta como un manipulador. En mi opinión, la excusa que plantea  Blanco Romasanta no se sostiene porque si la causa de sus crímenes fuese  un extraño mal que repentinamente le atacaba, dejándolo con remordimientos, no se explicaría por qué vendía ropa y otros enseres de las víctimas (lo cual suponía que las recogía en pleno furor animal o que volvía después, cuando había recuperado la cordura), que se apropiase de  los bienes de alguna de ellas con el engaño de aplazar el pago del precio hasta la vuelta del que iba a ser su último viaje; o, finalmente, la falsificación de cartas para tranquilizar a los familiares y, al mismo tiempo, convencerles para que emprendiesen un viaje en su compañía.
Sin embargo, la explicación ofrecida por Blanco fe muy bien recibida por la opinión pública, prueba de lo cual es que, varias décadas después, el suyo era considerado como un caso de licantropía digno de estudio. Durante el proceso, el Doctor Philips  (seudónimo bajo el que se escondía Joseph Pierre Durand de Gros) remitió al Ministerio de Gracia y Justicia una carta en la que aseguraba  que sus investigaciones le permitían curar al acusado mediante técnicas de electrobiología. Por entonces se encontraba en Argel y, para acreditar sus experimentos, acompañaba el ejemplar de un diario publicado en la ciudad norteafricana en que los explicaba. 

diariodeunmedicodeguardia.blogspot.com.es

Al parecer, suscitó el interés de la reina Isabel II pero no así el del Tribunal al que se hizo llegar porque, con informe del Ministerio Fiscal y porque se partía de considerar que el interesado era responsable penalmente, no llegó a surtir ningún efecto. En mi opinión, en los cambios de pena impuesta,- comenzó siendo de muerte, se rebajó a cadena perpetua y volvió a ser la capital hasta que fue objeto de indulto-, influyeron otras circunstancias como que los cuerpos de la víctimas no fuesen encontrados y que la principal prueba de cargo contra el acusado fuese su propia confesión, sin otros elementos objetivos que la corroborasen en la mayoría de los casos. La Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1881, actualmente vigente en España, dispone en su artículo 406 que la confesión del procesado no dispensará al Juez de instrucción de practicar todas las diligencias necesarias a fin de adquirir el convencimiento de la verdad de la confesión y de la existencia del delito.


6. EPÍLOGO.
En esta entrada faltan muchas referencias. No se comenta la famosa frase forjada por Plauto y popularizada por Hobbes “homo homini lupus”, ni se menciona a Boris Vian y a su lobo-hombre, ni a ninguna de las películas en las que el tema aparece (especialmente El bosque del lobo de Pedro Olea,  con la gran interpretación de José Luis López Vázquez).

Hay dos obras literarias con el mismo título (El hombre lobo): la primera es una novela publicada en 1910 y cuyo autor es Hermann Löns y, la segunda, una pieza dramática debida a August Kitzberg que se estrenó en 1912, que recoge la tradición popular y la engarza en el clásico triángulo amoroso.
No se trataba de hacer una recopilación exhaustiva de las referencias culturales sino de exponer una interpretación más o menos personal de un fenómeno fascinante para mí, en virtud del cual historias similares se han venido transmitiendo oralmente a lo largo de más de dos mil años. Quizá se trata de dar respuesta a una inquietud perenne de la que no somos capaces de desprendernos pese al trepidante desarrollo humano. Vicente Risco nos pone en la pista cuando se pregunta,- no olvidemos que trata de aportar una respuestas psiquiátrica al fenómeno que estudia-, si el delirio zooantrópico no será una pervivencia atávica de estados de espíritu de los hombre primitivos y de los salvajes de hoy. Los profesores Torres Iglesias y Mariño Ferro apuntan que Blanco Romasanta sufría un trastorno antisocial de la personalidad que no excluía la responsabilidad penal pero que también era incompatible con una personalidad sana. La posibilidad de que los miedos ancestrales permanezcan ocultos en los  más olvidados  rincones de nuestras mentes,  esperando la ocasión propicia para aparecer en forma de enfermedad mental, es tan sugestiva como inquietante. Espero  haber podido ofrecer alguna respuesta.

domingo, 28 de enero de 2018

VIAJAMOS AL CENTRO DEL LLANTO: ANTROPOLOGÍA EN LA RADIO (I)



En la declaración de intenciones de este blog aparece que es un viaje que cuenta con la Antropología como carta de navegación, en el que lo más importante no es el destino sino la misma travesía. Hace muy pocos días que este viaje ha encontrado otra expedición apasionante con la que ha compartido una agradable jornada: el programa de Radio Nacional de España, dirigido y presentado por Amaya Prieto Barriuso, "Viaje al Centro de la Noche", que contactó con nosotras para proponernos una entrevista acerca del llanto desde el punto de vista antropológico. Fruto de esa experiencia es la entrada que ahora estáis leyendo, una segunda parte para profundizar en ciertos aspectos, y el podcast del programa que se emitió el día 28 de enero de 2018 en Radio Nacional de España, y ese mismo día en Radio Exterior. Aquí tenéis el enlace del podcast:

http://mvod.lvlt.rtve.es/resources/TE_SVIAJEN/mp3/5/0/1516907568805.mp3

     Nuestro más sincero agradecimiento a Amaya Prieto por su confianza, y al personal de Radio Nacional de España en Alicante por poner a nuestra disposición sus instalaciones y estar atentos en todo momento a nuestras necesidades.
Aquí tenéis el enlace a la segunda parte de esta entrada: https://anthropotopia.blogspot.com.es/2018/02/de-varones-y-lagrimas-viaje-al-centro.html

VIAJAMOS LLORANDO


                                                             Ángeles Boix Ballester y Encarna Lorenzo Hernández


*El llanto emocional como expresión específicamente humana.


En contra de lo que pueda aparecer a primera vista, el llanto no es un fenómeno biológico uniforme sino que se manifiesta a través de tres clases de lágrimas diferentes: una primera modalidad es la lágrima basal, cuya finalidad es asegurar que el ojo permanezca siempre humedecido. La lágrima basal apareció por primera vez en los anfibios, los vertebrados que se atrevieron a abandonar el medio acuático primigenio, y tenía como fin reproducir sus condiciones de vida preexistentes. En el ser humano se desarrolla en los últimos meses de vida intrauterina. Un segundo tipo de lágrima es la refleja, que protege el globo ocular frente a golpes o irritaciones como la que produce pelar cebolla. Evolutivamente apareció en los reptiles y, en el bebé, actúa desde los primeros días de vida, como ya pudo comprobar Darwin en 1890 observando a su propio hijo.Pero la más importante de todas es la lágrima psicoemocional, que es exclusiva de la especie humana. No sabemos en qué momento se incorporó a nuestro bagaje genético pero sí podemos conjeturar que pudo estar presente en el Homo Heidelbergiensis, predecesores de los Neanderthales (por error, en la entrevista radiofónica me refiero al Homo Antecessor). El amplio registro fósil de Atapuerca evidencia que quizá hace 500.000 años ya existía el llanto emocional y una respuesta compasiva al mismo, como podría demostrar el caso de Benjamina, una niña con una grave malformación craneal a la que, en aquella época de extrema dureza medioambiental, en que la supervivencia diaria debía de ser un auténtico desafío, el grupo al que pertenecía sacrificó parte de sus recursos alimenticios y limitó su movilidad para poder cuidar de ella hasta su muerte ( se trata de una historia muy reveladora sobre la que podéis leer en este enlace: http://anthropotopia.blogspot.com.es/2013/02/la-pequena-benjamina-solidaridad-en-la.html). En el bebé, el llanto emocional aparece entre las 6 semanas y los 4 meses, cuando ya se encuentran bien desarrollados sus circuitos psíquicos. Por tanto, puede afirmarse que la filogenia -el desarrollo de las distintas especies-, se recapitula en la ontogenia -el crecimiento de un concreto ser vivo. Ello es así porque la sucesiva aparición de los diferentes tipos de lágrimas en el ser humano se produce exactamente en el mismo orden evolutivo, de creciente complejidad, en que lo hizo en las distintas especies.
El llanto en los animales
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